domingo, 8 de mayo de 2016
Time is in our hands
Hoy, aún no te has ido y ya te echo de menos y me gusta, sí, me gusta porque me hace quererte aún más, más y mejor; porque me hace valorar mucho lo preciado que es el tiempo cuando estamos juntos, ese mismo tiempo que pasa tan rápido fuera de nuestro mundo y tan despacio dentro de él, que podría tratarse del mismo centro de un agujero negro.
Tiempo, tiempo, tiempo... Ese que se mantiene en un segundo plano, cauteloso, mero observador pero siempre al acecho como el guepardo, astuto, que espera el momento oportuno para atacar a la gacela, ingenua, débil, presa de la propia naturaleza que le dió la vida, la misma que también se la quita; así vivimos, presos del tiempo; juez implacable. Y sí, queramos o no es variable fija de la ecuación, siempre influye cuándo intentamos despejar nuestra x, si es que ya hemos encontrado la fórmula para hacerlo.
¿Miedo? Siempre hay que tener miedo a algo, supongo que es el mecanismo innato de defensa por excelencia; instinto de supervivencia probablemente. Te he confensado muchas veces que mi mayor miedo es el tiempo, ese que se empeña muchas veces en hacer de nuestra vida un contrarreloj, el que marca cada año que cumples en un calendario, al que le encanta poner fecha a cada uno de los acontecimientos que los humanos tenemos la manía de apelar como "importantes", el que dictamina siempre un inicio y un final, el mismo que hace que estemos a ----- años luz de la estrella más cercana, ese del que ni el mismísimo universo y su grandeza escapan; pero... ¿sabes qué? Merece la pena tan solo por todos esos momentos que hacen que me olvide de ello; gracias por compartirlos conmigo, ahora sé que tú también eres una variable importante de mi ecuación.
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